Atrasos formativos en la región y su impacto sobre la fuerza de trabajo

Los gobiernos de América Latina han realizado importantes esfuerzos en los últimos años en materia educativa, que se han traducido en avances en el acceso y la cobertura, en especial en el aumento progresivo del número de años de escolaridad de la población económicamente activa en la región.

En el período 2000-10, la población en edad de trabajar que llegó a un nivel máximo de educación secundaria aumentó 8.2 puntos porcentuales, mientras que en el caso de la educación terciaria el incremento fue de 2.4 puntos porcentuales (véase el cuadro 5.1).

A pesar de los avances experimentados en los últimos años, la fuerza de trabajo en la región tiene niveles de formación relativamente bajos. Mientras que en América Latina un 46.6% de la fuerza de trabajo llega como máximo a la educación secundaria y un 12% a la terciaria, en la OCDE los porcentajes son del 54.9% y del 23.8% respectivamente.

Al comparar estos datos con los de otras regiones más desarrolladas, se constata que la brecha continúa siendo muy amplia. La fuerza de trabajo latinoamericana que llega a la educación secundaria y educación terciaria alcanza un 46.6% y un 12% respectivamente, resultados muy distantes de los correspondientes a los países de la OCDE, donde el 54.9% de los trabajadores tiene educación secundaria y el 23.8% educación terciaria.

Cuadro 5.1. Regiones del mundo y OCDE: Población en edad de trabajar según máximo nivel educativo alcanzado (En porcentajes y variación en puntos porcentuales, 2000-2010)

  América Latina  OCDE Asia oriental y Pacífico Asia central
Más de 15 años 2010 Variación  2000-2010  2010 Variación  2000-2010  2010 Variación  2000-2010  2010 Variación  2000-2010 
Educación primaria 33,1 -7,1 18,4 -6,7 32,7 -4,2 13,5 -4,6
Educación secundaria 46,6 8,2 54,9 3,6 42,9 2,9 67,1 1,87
Educación terciaria 12,0 2,4 23,8 4,3 14,1 4,2 18,2 3,67

Estas limitaciones en el nivel educativo de la fuerza de trabajo parecen afectar en mayor medida a las empresas de menor tamaño. Según la Organización Internacional del Trabajo, el 75.9% de los ocupados de las microempresas y pymes de la región alcanzan como máximo la enseñanza secundaria incompleta. La situación es heterogénea según los países. Los ocupados en las microempresas y pymes (mipymes) que no han terminado la secundaria alcanzan un 57% en la Argentina, un 51% en Chile (sin incluir a las empresas medianas), un 38% en México y un 40% en el Perú (Tuero y otros, 2009). Además, los trabajadores con menores niveles educativos se concentran entre los independientes no profesionales, entre las mujeres y en las microempresas rurales.

Otro fenómeno que destaca en la región es el abandono escolar, con un impacto importante sobre el nivel educativo de la fuerza de trabajo que se incorpora al sector productivo. Aunque también se han logrado progresos en este aspecto, la tasa global de deserción promedio para jóvenes de entre 15 y 19 años en la región se situó en torno al 29% en 2009, cerca de la mitad antes de comenzar la educación secundaria1. Esto supone que, por un lado, existe un número importante de jóvenes que abandonan el sistema educativo sin haber alcanzado los conocimientos y capacidades necesarios para tener condiciones mínimas de empleabilidad y aumentar las posibilidades de lograr una trayectoria profesional satisfactoria. Por otro lado, dado que una de las causas principales de la deserción escolar es la necesidad de encontrar un trabajo por motivos de subsistencia, este fenómeno acarrea la entrada en el mercado laboral de jóvenes con bajos niveles educativos que, por tanto, suelen ingresar en empleos precarios del sector informal, donde la presencia de la micro y pequeña empresa es superior.

Los ocupados en las mipymes que solo alcanzan la educación media incompleta son el 57% en Argentina, el 51% en Chile (sin incluir las empresas medianas), el 38% en México y el 40% en Perú.

Otro ámbito relevante para entender el panorama formativo en torno a las pymes latinoamericanas es el nivel de competencias de sus empresarios. En general, hay carencias importantes de capacidades en materia de gestión y liderazgo empresarial en la región. Muchas pequeñas y medianas empresas están limitadas por la falta de habilidades de sus gestores para encabezar procesos de desarrollo, de incorporación de tecnologías, de innovación o de apertura hacia nuevos sectores o mercados, lo que en definitiva implica una barrera para el incremento de la productividad. 

Todos estos elementos reflejan que persisten amplias brechas por cerrar en materia educacional, pero que se han realizado importantes avances en términos de acceso y permanencia. Sin embargo, el hecho de que un mayor número de personas transite durante más años por el sistema educativo no significa que las competencias se trasmitan y se adquieran de forma efectiva, ni que se esté formando en las competencias y habilidades necesarias para insertarse en el campo productivo. Estas consideraciones forman parte de la dimensión cualitativa de la educación, ámbito en que América Latina enfrenta los retos más desafiantes. 

Por una parte, las comparaciones internacionales reflejan un rezago especialmente preocupante en términos de calidad. Según los datos del informe PISA (OCDE, 2010), la puntuación de los estudiantes de 15 años en la región en las tres materias analizadas por este estudio se encuentra muy por debajo de los resultados alcanzados en los países de la OCDE (véase el cuadro 5.2). Casi un 49% de los estudiantes latinoamericanos de 15 años está en el nivel más bajo posible de las pruebas de lectura, en contraste con aproximadamente el 19% de estudiantes de la OCDE en este mismo nivel. Asimismo, el 84% y el 80% de los alumnos examinados en matemáticas y ciencias, respectivamente, están en el nivel más bajo posible, porcentajes que duplican los que tienen los países de la OCDE. Esto demuestra que los jóvenes de la región tienen dificultades en el manejo de competencias básicas para su inclusión laboral y social. 

Cuadro 5.2. América Latina y OCDE: Alumnos de 15 años en el nivel más bajo de las pruebas PISA (En porcentajes)

País Lectura Matemáticas Ciencias
Argentina 51.6 84.3 79.1
Brasil 49.6 88.1 83.0
Chile 30.6 78.3 67.4
Colombia 47.1 90.8 84.3
México 40.1 79.1 80.9
Panamá 65.3 92.6 88.3
Perú 64.8 90.4 90.0
Uruguay 41.9 72.7 71.9
Media de América Latina 48.9 84.5 80.6
Media de la OCDE 18.8 44.0 42.3

Fuente: Elaboración propia sobre la base de datos del informe PISA (OCDE, 2009).

Por otra parte, el problema de la calidad se agrava por la importante desconexión que existe en la región entre las competencias en que forma el sistema educativo y las habilidades que demanda el sector productivo. Esto se analiza a continuación.

Desconexión entre el sistema educativo y el sector productivo

La globalización económica ha propiciado una transformación profunda del modelo productivo, determinada, en gran medida, por un intenso proceso de cambio tecnológico. El conocimiento ha adquirido un carácter central en la economía y es clave para comprender la dinámica productiva y la capacidad de competir e innovar. Una parte del tejido empresarial evoluciona hacia nuevos sectores y modos de organización del trabajo, incorporando con cada vez mayor intensidad nuevas tecnologías a los procesos productivos.

También ha ido evolucionando la naturaleza de las habilidades demandadas por el sector productivo. Esto ha generado una separación gradual de la formación tradicionalmente provista por los sistemas educativos, un fenómeno conocido como “brecha de habilidades”. En la medida en que limita la capacidad de las empresas para obtener las destrezas que demandan, supone un freno al crecimiento de la productividad. Por esta razón es importante entender el impacto que tiene en América Latina y cómo afecta a las pymes.

En América Latina existe una “brecha de habilidades” por las diferencias entre la formación que entrega el sistema educativo y las competencias que demandan las empresas, la cual actúa como barrera a la expansión de la  productividad de las pymes. El 71% de los empresarios en Brasil declara tener dificultades para cubrir las vacantes, mientras que en Panamá es el 47%,  en Argentina el 45% y en México el 43%.

En varios países de América Latina los empresarios afirman tener dificultades para cubrir las vacantes en sus establecimientos. Destacan los casos del Brasil, donde un 71% de los empresarios enfrentan dificultades para llenar vacantes, Panamá (47%), Argentina (45%) o México (43%) (ManpowerGroup, 2012). 

Este fenómeno afecta de un modo importante a las pymes, que también enfrentan problemas para encontrar la fuerza de trabajo que demandan. Factores como el sector al que pertenecen, el grado de adopción de tecnología, la inserción en cadenas globales de valor o la orientación exportadora determinan en buena medida qué tipo de habilidades demandan las pymes y, por tanto, cómo les afecta la brecha de habilidades. Un porcentaje de alrededor del 37% de las pymes de la región considera esta brecha como uno de los obstáculos principales a su actividad habitual (Banco Mundial, 2012)2.

Las pymes de diferentes sectores enfrentan dificultades variadas para encontrar una fuerza de trabajo con formación adecuada (gráfico 5.1). Por un lado, hay sectores como los de servicios informáticos en que alrededor del 80% de las pymes declaran tener problemas moderados o graves para encontrar la fuerza de trabajo que necesitan, y otros sectores, como los de maquinaria y equipos, textil y químico, en que el porcentaje de empresas con problemas graves o muy graves es también muy elevado y se sitúa entre el 40% y el 60%. Por otro lado, aparecen rubros como la hotelería, el sector mayorista y el sector minorista, donde alrededor del 40% de las empresas afirman no tener ningún problema para encontrar la fuerza de trabajo que buscan, y solo alrededor de un tercio de las empresas dicen enfrentar problemas graves o muy graves (Banco Mundial, 2012)2.

El tipo de habilidades que demandan las pymes depende de factores tales como el sector productivo al que pertenecen, su grado de adopción de tecnología, la inserción en cadenas globales de valor o la orientación exportadora.

Las dificultades que enfrentan las pymes según el sector en el cual operan dependen en gran medida de la escasez relativa del tipo de competencias que están demandando. En consecuencia, es importante conocer qué tipo de habilidades buscan estas empresas, tanto para comprender mejor los ámbitos donde se concentra su actividad y las limitaciones que pueden enfrentar en determinados sectores económicos, como para tener un panorama de las competencias que el sistema educativo no proporciona y cuya escasez supone un obstáculo a la productividad.

Gráfico 5.1. Pymes en América Latina que declaran tener dificultades para encontrar una fuerza laboral bien formada, según sectores y grado de dificultad, 2010 (en porcentajes)

Statlink: http://dx.doi.org/10.1787/888932719390

Recientemente se han dado pasos importantes en la comprensión de estas cuestiones, que confirman la transformación que ha experimentado en los últimos años la demanda de habilidades por parte del sector productivo en la región. El efecto ya comentado del cambio tecnológico y la paralela transformación del modelo productivo han estimulado la aparición de ocupaciones que demandan nuevas destrezas, mientras que actividades repetitivas que tradicionalmente realizaban trabajadores con educación media están siendo sustituidas gradualmente por tecnologías (Aedo y Walker, 2012). 

Contrasta este panorama en la región con el de un sistema educativo todavía muy centrado en la formación en disciplinas tradicionales que, pese a su relevancia, requieren la complementación del nuevo tipo de habilidades profesionales que demandan los mercados laborales de la nueva economía (Aedo y Walker, 2012). En este sentido, algunos estudios (Bassi y otros, 2012; EIU, 2009; ManpowerGroup, 2012, y Schwalje, 2011) identifican diversos ámbitos donde se desajustan la demanda del sector productivo y la oferta del sistema educativo, que se podrían agrupar en torno a dos categorías.

Hay evidencia de que algunas  decisiones de inversión en América Latina se toman sobre la base de la disponibilidad limitada de capital humano, lo que estaría generando una barrera al crecimiento y limitaría la expansión de la productividad.

Por una parte, el sector productivo en la región tiene problemas para satisfacer su demanda de competencias técnicas, tanto específicas de la empresa como más generales, en especial en materias tecnológicas, ocupaciones de la nueva economía y el conocimiento de lenguas extranjeras o el manejo de sistemas informáticos (EIU, 2009). 

Por otra parte, estudios recientes indican que no solo se demandan competencias cognitivas, sino que crecientemente las empresas piden al mercado laboral habilidades no cognitivas, de carácter socioemocional, conocidas como “habilidades blandas”. Estas incluyen, por ejemplo, elementos como el pensamiento crítico, la responsabilidad, el trabajo en equipo, la capacidad para resolver problemas y enfrentar cambios, las habilidades de comunicación oral y escrita, y la capacidad de comprensión del entorno y de relacionarse con este. Los empresarios de la región aprecian este tipo de destrezas incluso por delante de las habilidades técnicas, generales o específicas, pero declaran tener serias dificultades para encontrar a trabajadores que las posean (Bassi y otros, 2012).

El sector productivo de América Latina tiene especiales problemas para satisfacer su demanda de competencias técnicas en materias tecnológicas, ocupaciones de la nueva economía, conocimiento de lenguas extranjeras, manejo de sistemas informáticos y en las llamadas “habilidades blandas”, como el pensamiento crítico, la responsabilidad, el trabajo en equipo, la capacidad para resolver y enfrentar cambios, las habilidades de comunicación oral y escrita, y la capacidad de comprensión del entorno y de relacionarse con este.

En suma, existen desajustes importantes en la región entre las demandas del sector productivo y las habilidades disponibles en el mercado laboral. Esto eleva el desafío formativo que enfrentan las pymes al imponer una barrera de acceso a las competencias que deberían posibilitar mejoras en su productividad, en particular en el caso de aquellas empresas más dinámicas y con potencial de crecimiento. 

Sin embargo, muchas pymes se sitúan en sectores con poco aporte al valor agregado y sus procesos productivos incorporan en escasa medida tecnologías o habilidades más relacionadas con la técnica y el conocimiento. Esto sugiere que en América Latina existen problemas de oferta de una fuerza de trabajo bien formada, pero también de una acotada demanda de competencias superiores por parte de las pymes, lo que genera una dinámica de estancamiento productivo.

En este sentido las carencias de habilidades y competencias en el mercado laboral afectan a la productividad y a la estructura productiva por consideraciones por el lado de la demanda. Ciertas evidencias indican que la demanda empresarial de competencias se adapta en ocasiones a los bajos niveles de oferta de habilidades. Esto redunda en que las decisiones de inversión se están adoptando sobre la base de una disponibilidad limitada de capital humano (Aedo y Walker, 2012). Lo anterior generaría una barrera al crecimiento y limitaría la expansión de la productividad en la región, en especial porque los sectores que se estarían adaptando a la baja son precisamente aquellos más conectados con la economía global y con mayor potencial de crecimiento, y que, por escasez de capital humano, deben renunciar a las habilidades que necesitarían. En forma paralela, la baja demanda de habilidades puede también desincentivar la oferta de competencias más amplia y de mayor nivel. Esto podría estimular una suerte de círculo vicioso que dificulta el crecimiento de la productividad y no favorece el desarrollo del sector productivo.

Enfrentar el desafío formativo: el papel de las políticas públicas

Los bajos niveles de formación de la fuerza de trabajo y de los gestores empresariales, junto con los problemas asociados al abandono escolar y los pobres resultados alcanzados en materia de calidad, se traducen en una importante desconexión entre el sistema educativo y las necesidades del mercado laboral. Todos estos factores, que constituyen una barrera al desarrollo económico y a la expansión de la productividad, plantean la necesidad de adoptar políticas públicas que ayuden a afrontar estos desafíos y a transformar el sistema educativo en general y la educación para el trabajo en particular. En esto consiste el desafío formativo que tiene por delante el sector productivo en la región.

Sin embargo, el diseño de políticas públicas debe sustentarse en una mayor capacidad de diagnóstico de los desafíos formativos y en la disponibilidad de más evidencia empírica. Es necesario que la toma de decisiones sea respaldada por una mejor comprensión de los conocimientos y competencias disponibles, de la capacidad de los sistemas educativos y de formación técnico/profesional para favorecer la inclusión social y laboral de los adultos, y de las brechas que existen entre el sistema educativo y el sector productivo. Un desafío clave para América Latina es aumentar la capacidad de efectuar mejores diagnósticos y establecer comparaciones entre países y a través del tiempo. Al respecto, las experiencias de los países de la OCDE pueden ser muy interesantes (véase el recuadro 5.1.).

Recuadro 5.1. Evaluar las competencias de los adultos: el estudio PIAAC de la OCDE

Las políticas públicas para la formación de la fuerza de trabajo y los gestores empresariales deben prestar atención prioritaria a las pymes, tanto por su potencial de crecimiento y de generación de empleo, como porque es un sector donde se generan dinámicas ineficientes.

En concreto, en la competencia por una escasa mano de obra adecuadamente formada, las pymes están en una posición de debilidad frente a las grandes empresas. Estas últimas tienen mayor capacidad para ofrecer mejores salarios e incentivos a los trabajadores, junto con posibilidades de promoción y movilidad interna, reputación asociada a la empresa e incluso mayores oportunidades de formación dentro de la propia empresa, entre otras ventajas.

El enfoque del Programa para la Evaluación de las Competencias de los Adultos (PIACC) toma en cuenta que un diploma no garantiza tener ciertas competencias y habilidades, ni cuando se obtiene ni con el paso del tiempo, por lo que las evalúa directamente mediante pruebas y encuestas a los adultos para determinar el capital humano de un país.

Mientras que muchas grandes empresas optan por formar internamente a los trabajadores como estrategia de superación de la escasez de mano de obra cualificada, las pymes tienen pocos incentivos para adoptar una solución similar, dado que corren el riesgo de que las primeras contraten al personal cuando está formado. Por ello, solo les resultaría interesante proveer un tipo de formación específica y aplicable a las actividades concretas de la empresa, sin enfatizar en competencias más transversales, aunque estas deberían también formar parte de lo que transmite el sistema educativo.

Dado que una fracción de la fuerza de trabajo con bajos niveles formativos se incorpora a las pymes, la falta de incentivos para la formación interna conduce a que estas empresas no aumenten sustancialmente sus capacidades y a que el aprendizaje sea fuertemente proclive a la imitación y reproducción de actividades donde las competencias técnicas exigidas son reducidas. Sumado a las escasas capacidades de absorción de tecnología del segmento, esto lleva a que las pymes no incrementen en forma importante la base de conocimientos de su producción y tampoco realicen innovaciones significativas, prolongando su estancamiento en materia de productividad.

Ante este escenario, y teniendo en cuenta la heterogeneidad de las pymes en América Latina, reviste particular importancia reforzar la capacidad institucional y el diseño de políticas que respondan a las demandas formativas del sector. Los esfuerzos por suplir las carencias de educación básica, incrementar el nivel educativo del empresariado y proporcionar el desarrollo de competencias pertinentes al trabajo en aquellas pymes con niveles más bajos de organización y formalización deberían ser acompañados por una preocupación para impulsar aquellas empresas que tienen cierta capacidad técnica o empresarial, a fin de dirigir el aprendizaje hacia rubros más intensivos en conocimiento, que conlleven mayor dinamismo y valor agregado. Lo anterior se traduce en una focalización de las intervenciones, diferenciando metodologías e instrumentos de acción de acuerdo a las características y capacidades de las empresas.

Además, la formación de los recursos humanos de las pymes requiere desplegar un abanico amplio de servicios en materia de gestión, tecnología y acceso al conocimiento. Debe enfatizarse la importancia de las tecnologías de la información y de las comunicaciones (TIC). Los programas de formación que utilizan las TIC tienen ventajas en cuanto a su flexibilidad, facilidad de acceso, eliminación de barreras de horario y desplazamiento y reducción de costos, por lo que representan un elemento de gran potencial para ampliar y profundizar la atención a las necesidades formativas de las pymes, que justamente se enfrentan a mayores barreras para acceder a la capacitación3.

Por sus ventajas en términos de flexibilidad, facilidad de acceso, eliminación de barreras de horario y desplazamiento y reducción de costos, los programas de formación que utilizan las tecnologías de la información y las comunicaciones son especialmente apropiados para las pymes.

La formación que demandan las pymes puede ser transmitida por tres canales:

i) dentro del sistema de educación formal, que abarca la enseñanza primaria, secundaria y terciaria; ii) educación profesional y capacitación técnica, más enfocada en una mayor aplicación práctica y cuya oferta se asocia a entidades públicas o privadas, que conforman las instituciones de formación profesional (IFP); y iii) educación informal, referida a la formación en el trabajo, cuando el intercambio y la interacción en los establecimientos laborales constituyen el canal de transferencia de conocimientos.